viernes 20 de marzo de 2009

Jueves 26: Bamako


Hay mucho de choque cultural, político, social, jurídico, histórico incluso en Bamako, la última película de Abderrahmane Sissako, donde el pueblo africano se bate en duelo contra las grandes instituciones (el FMI, el Banco Mundial, el G8) que ostentan el poder económico mundial y marcan las pautas que acabarán determinando la política, no sólo económica, global. Se trata de un duelo con unas reglas muy precisas y un marco muy concreto, las reglas son las de la retórica, y el marco un patio de vecinos que sirve de improvisado tribunal donde los abogados de la defensa y la acusación interrogan a sus testigos, repasan datos, y lanzan sus impresionantes alegatos, siempre con ese calculado punto de puesta en escena que tienen la mayoría de los buenos abogados, no se sabe, si también ellos, por muy franceses que sean, inconscientemente colonizados por tantos años y años de ver películas norteamericanas de tribunales.

Ese patio de vecinos, también (como apunta Jaime Pena en su crítica en "Cahiers-España") corralón de comedias, recoge la herencia de unos tiempos en los que en África aún prevalecía un concepto de la justicia tribal y participativo, regido por el sentido común, pero especialmente por unas reglas comunales que perseguían la perpetuación de la tradición y la pervivencia de la cohesión dentro del grupo humano. Pero la justicia que vemos en Bamako tiene más de espectáculo (ahí está su retransmisión como si fuera un partido de fútbol), de pirotecnia oratoria, de recordatorio frío de cifras, de pactado combate donde, poco importa, nunca asistiremos a su sentencia final, tampoco importa demasiado que todos los datos que se dan sean ciertos (y sobradamente conocidos) y que los procuradores, o los testigos, sean realmente abogados los primeros, y radicales africanos conocidos por su lucha contra la globalización y que reivindican el impago de la deuda externa los segundos; por su parte, el juez es una figura muda que apenas arbitra, y el público asiste impertérrito a esa pantomima para occidentales comprometidos, donde (gran hallazgo de Sissako) la verdadera África se pasea alrededor de los juristas sin ser vista, ni escuchada... (seguir leyendo).