viernes 20 de febrero de 2009

Jueves 26: Vals con Bashir


Una noche, en un bar, un amigo le cuenta al director israelí Ari Folman un sueño recurrente que tiene en el que 26 perros le persiguen. Los perros han aparecido 20 años después de que su amigo matase a otros tantos durante la guerra del Líbano. ¿La guerra del Líbano? Ari Folman también la vivió, pero no tiene ningún recuerdo de ella. Es posible, a veces la memoria hace cosas así. Pero el la historia de su amigo y los perros hace que alguna imagen vuelva a rondar la cabeza de Folman, y eso ya no se puede parar.

El director está decidido a recuperar sus recuerdos, y del mismo modo que lo haría un detective, va entrevistando gente y con los relatos de todos ellos, va reconstruyendo su papel su papel en el ejército israelí y, sobre todo, la matanza en los campos de refugiados de Sabra y Chatila. Y decide hacer una película con todo este material. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo lograr plasmar en imágenes unos recuerdos?


Beirut, 1982
Ari mira su foto hace veinte años en Beirut. Delgado, de uniforme, con un Galil terciado, sin barba, sin canas, joven. La ciudad al fondo, destrozada por los bombardeos. No me reconozco, admite. Hay algo mal ahí. No me recuerdo.

Experimento
Al sujeto le enseñan cuatro fotografías de su infancia y le piden que cuente todo lo que recuerde de esos momentos. Una de las fotografías, sin embargo, es un fotomontaje digital donde el sujeto, de niño, aparece montado en un globo aerostático. El evento nunca ocurrió pero la mitad de los sujetos, al cierre del experimento, recuerdan vividamente la tarde a los siete años cuando su padre los llevó a montar en globo. Su hermana y su madre abajo despidiéndose, de sombrero, con trajes largos. Los árboles. El río al fondo. El frío. El olor de la llama que mantiene el globo en el aire. El miedo de caer.

La guerra recordada
Recordar, pues, es un ejercicio de invención. La guerra, pasados los años, es una comedia absurda y dolorosa sin protagonistas, sin sentido, donde un viaje caluroso de verano se transforma en horror de un disparo al cuello, y el horror en un concierto estridente –estertóreo–, y la música en un canal –uno más– para abstraer y difuminar lo que ocurre. Estar sin estar. Ver sin ver. De eso se trata. Imagine que lo ve tras una cámara, dice el periodista. Imagine que nada es real ni usted está en ese lugar. He ahí el secreto.

Bengalas
Bengalas en el cielo de Beirut. Bolas de fuego sangrantes. Beirut iluminada por sus explosiones secas y su caida lenta. Ari desnudo, sumergido en el mar, viendo las luces caer. Luego vistiéndose junto el mar y caminando entre los edificios. Ari en una calle, rodeado de mujeres y niños palestinos que lloran y gritan y levantan los brazos. ¿Esa es la guerra? ¿Esa es?

Subconsciencia Colectiva
Ari habla con sus compañeros de frente. Les pregunta: ¿Qué ocurrió? Ellos dicen: ¿De verdad no lo recuerda? Ari dice: No. Ni los tanques, ni los niños con lanzacohetes, ni el yate de lujo, ni el carro rojo que fue imposible detener, ni la mujer inmensa que salvó a Ben-Yishai de la explosión, ni la noche que Dayag pasó sumergido entre el mar caminando hacia las luces, ni el baile de Lazarov entre las balas y en trance, disparando su MAC robada, ni los combates entre los limonares, ni el sabor de la sangre en la boca, su olor en el aire mezclado con pólvora. Pero todo regresa cuando lo cuentan. Conjurado por las palabras. Todo en el fondo está ahí, oculto, trastocado, avergonzado, resignado a ser lo que fue.

Extraído de cinematical y ochoymedio

sábado 14 de febrero de 2009

Jueves 19: Chicago 10

En Chicago 10 (2007) de Brett Morgen aparecen otros tantos rostros enmascarados. En concreto, las recreaciones animadas (a través de la técnica conocida como capture-motion animation, popularizada por Richard Linklater) de los Chicago Seven (es decir, Abbie Hoffman, Jerry Rubin, David Dellinger, Tom Hayden, Rennie Davis, John Froines y Lee Weiner) más Bobby Seale, miembro de los panteras negras, y los abogados William Kunstler y Leonard Weinglass. En definitiva, las diez personas que enfrentaron la contienda legal resultante de los míticos disturbios acontecidos durante la Convención Nacional Demócrata de 1968 en Chicago (cúspide de las manifestaciones contra la guerra de Vietnam). Diez rostros “animados” que en el filme son utilizados por Morgen como un elemento más de su vibrante e inteligente cóctel de puro agit-prop.

Lo interesante del método de agitación aplicado en Chicago 10 radica en la variedad e idoneidad de los diferentes modelos de apropiación utilizados. Por ejemplo, está el modo en que Morgen reanima las antiguas imágenes de archivo mediante la invocación de temas musicales contemporáneos. El anacronismo pop del Moulin Rouge (2001) de Bazz Luhrman aplicado al cine de lo real. En este caso, las escenas de los disturbios y las cargas policiales se acompasan mediante los rítmicos temas de Eminem, los Beastie Boys o Rage Against the Machine. Una forma sencilla y efectiva de reclamar la vigencia de la lucha por unos derechos civiles que, durante los últimos años en Estados Unidos (en la era pre-Obama), se han visto claramente comprometidos. Aunque la apuesta verdaderamente radical de Chicago 10 se halla en su audaz uso de la animación digital. No es sólo que Morgen utilice el dibujo para cubrir el fuera de campo histórico del juicio de los Chicago Seven (no existe ningún registro visual del mismo, sólo las transcripciones), sino que decide apropiarse de ese espacio figurativo con un espíritu absolutamente trasgresor (y manipulador). Una apropiación perpetrada con llamativos travellings por la sala de tribunales (en una transcripción animada del vigor visual de David Fincher o Brian De Palma), articulando la postura ideológica del filme mediante composiciones picadas y contrapicadas, afectando la gestualidad satírica de los personajes… A la postre, una construcción épica que deviene apropiación moral del espacio de representación de la historia civil norteamericana.

Extraído de blogs&docs

viernes 13 de febrero de 2009

Cambios

Desde el próximo jueves 19, extendemos la idea del cine gratuito al ámbito doméstico: durante las tres horas previas a la proyección abrimos el bar de Magdalenes y compartimos todas las películas proyectadas en el CineClub.

En la última sesión (día 26) sustituimos Ossos (Pedro Costa) por Vals con Bashir (Ari Folman), que se estrena seis días antes en los cines comerciales.

A partir de ahora las proyecciones no comenzarán a las 20:00, sino a las 21:00.

domingo 8 de febrero de 2009

Jueves 12: Chats perchés


Un cineasta sale a la calle con su cámara a tratar de descubrir el misterio de unos gatos sonrientes que comienzan a aparecer dibujados en las paredes de París. Pero el misterio no es quién los hace, sino qué es lo que quiere decir ese gato. Y qué es lo que sucede en esas calles, esa ciudad y ese mundo en los que el gato se manifiesta. Suerte de diario personal urbano de ese gran documentalista y experimentador del cine que es el veterano maestro francés Chris Marker, Chats Perchés es una de esas pequeñas grandes películas que siempre aparecen escondidas dentro del vientre de ese monstruo que suele ser un festival de cine.
Realizado en video para la televisión, la hora de metraje del film de Marker comienza contando la historia de la aparición de los dibujos de estos enormes gatos sonrientes en las terrazas de París, herederos del gato de Alicia, luego de septiembre de 2001, fecha marcada por el atentado contra el World Trade Center de Nueva York. Realizado con una camarita casera en video, el poético y zumbón trabajo está acompañado por placas de texto, al estilo del cine mudo, que hacen las veces de relato cómplice en primera persona. A partir de los gatos, Marker recorre calles que se llenan de manifestaciones, paredes llenas de carteles de campañas políticas, e incluso reflexiona sobre la guerra de Irak y hasta el mundial de fútbol. “La película se fue construyendo de sorpresa en sorpresa, siguiendo la pista de los gatos sonrientes, un mensaje de benevolencia pintado por alguien que corría el riesgo de romperse la columna sólo para hacer flotar un mensaje de benevolencia sobre esta ciudad que tanto lo necesita”, confesó Marker. El resultado es una extraña street movie, un paseo por los últimos años de una ciudad bajo una mirada reflexiva y abarcadora, combativa y confesional, y capaz de generar en el espectador una sonrisa tan cómplice y generosa como la de su gato protagonista.

Extraído de página 12